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Cambalache en las redes

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En plena campaña electoral, los partidos políticos de la Ciudad despliegan sus estrategias en las distintas plataformas 2.0. Facebook, Instagram y Twitter, las más elegidas. ¿Cómo afecta su imagen y cuál es el límite entre la vida pública y la privada? Opinan los especialistas. Que hoy en día las redes sociales funcionan como una herramienta […]

En plena campaña electoral, los partidos políticos de la Ciudad despliegan sus estrategias en las distintas plataformas 2.0. Facebook, Instagram y Twitter, las más elegidas. ¿Cómo afecta su imagen y cuál es el límite entre la vida pública y la privada? Opinan los especialistas.

Que hoy en día las redes sociales funcionan como una herramienta fundamental para hacer política no es novedad. Y en el entramado de la Ciudad, los actores de los diversos partidos cumplen su rol específico dentro del mundo 2.0.

En ese marco, con las elecciones legislativas generales a la vuelta de la esquina, Instagram, Twitter y Facebook asoman como las plataformas preferidas y más utilizadas para deslizar posteos que capten la atención e impacten con éxito en la impresión del electorado.

Dentro de ese juego comunicacional, el límite entre lo público y lo privado resulta muy fino. ¿Hasta qué punto los políticos se benefician o no de un determinado posteo lanzado a través de las redes sociales? ¿Cómo afecta en su imagen? ¿Cuáles son las mejores formas de interpelar a los receptores?

Según el especialista en redes sociales y director de la Agencia IM, Federico Vulcano, “en muchos casos, las estrategias no son claras; es decir, hay políticos que están en las redes simplemente porque hay que estar”.

En ese sentido, Vulcano remarcó: “Hay otros, tanto oficialistas como opositores, que despliegan estrategias de posicionamiento, que buscan expandir su propia identidad, mostrando situaciones que nunca saldrían en los medios de comunicación, como una pequeña charla con un vecino o un acto de campaña en un barrio o pueblo poco conocido”.

Las campañas digitales hallaron su embrión en 2008, con Barack Obama en los Estados Unidos. Y tiempo después, comenzaron a surgir en Argentina. Hoy, estar al margen de las redes sociales es como no estar en el radar de la política. Incluso existen herramientas de Social Listening para conocer la opinión y los comportamientos de los usuarios, y saber de qué se está hablando en tiempo real. Esto otorga a los partidos una ventaja, ya que les brinda la posibilidad de actuar en consecuencia.

Llega un punto en que el límite entre lo público y lo privado se comienza a mezclar en las redes. Tal es así, que posteos con fotos que expresan sentimientos pueden ser más efectivos que una arenga proselitista”, agregó Vulcano.

Y añadió: “Hoy, decididamente, se plantea a los candidatos o partidos como medios digitales. Por ejemplo, Mauricio Macri, con más de 4 millones de fans en las redes, es uno de los medios digitales más grandes de Argentina. En ese marco, se tiene que estar dispuesto a mostrar la intimidad, para lograr una mayor cercanía con la ciudadanía y sentirse como un igual y, al mismo tiempo, representado”.

Desde otra visión, el psiquiatra Miguel Angel Maldonado analizó que “los polí-ticos, por lo general, en su mayoría son narcisistas, se admiran a sí mismos y se miran el ombligo”. “Les gusta mostrar lo que tienen. Muchos están convencidos de que, mediante este tipo de actitudes, resultan convincentes, pero no he escuchado comentarios favorables en este sentido”, manifestó en diálogo con Qué.

En esa misma sintonía, Maldonado subrayó: “Hay políticos que desvirtúan la política. Y mezclar la vida privada con la vida pública les puede jugar en contra, porque una actitud así no seduce”.

“A la gente eso le interesa poco, sobre todo si es farandulesco. Si el político describe que tiene esposo, hijos, que tiene tal o cual coche, la gente lo encasilla como alguien que vive de manera normal, como cualquier ciudadano. En cambio, si el político muestra quintas ostentosas, residencias en barrios coquetos, eso a la gente no le gusta”, completó el profesional en psiquiatría.

Los tiempos cambiaron y la comunicación también. Y los políticos, lejos de quedarse al margen del asunto, buscan adaptarse al nuevo entramado de las redes sociales.

Fuente: Revista Qué

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